La máquina seguía produciendo, pero se rompió el pupitre —y con él, la única forma de tocar los dos ajustes de la mezcla—. No era una avería del autómata: el cliente había perdido el mando de su propio proceso. Entramos en el autómata, localizamos en el programa dónde viven exactamente esos ajustes y le devolvimos el control.
El equipo
Una amasadora de mezcla de una línea de producción, gobernada por un autómata GE Fanuc VersaMax (CPU IC200CPU001, fuente IC200PWR101B, módulos IC200MDD845A e IC200MDL650C) con pupitre DataPanel 160 (IC752DSX000-DC). Un autómata vivo, pero de un fabricante que ya no está con ese nombre: GE Fanuc pasó a Emerson y el pupitre lleva años descatalogado.
La situación
El autómata funcionaba y la máquina producía. Lo que se rompió fue el pupitre, y con él se perdió la única manera de cambiar los dos ajustes de la mezcla: la cantidad de agua y el tiempo de amasado. Sin pupitre, esos dos valores quedaban congelados. Y como el equipo ya no tiene soporte del fabricante, nadie sabía en qué memorias del autómata vivían: no había papel, no había copia, no había a quién llamar.
Qué hicimos
- Nos conectamos al autómata y cargamos su programa — el que no existía en ningún papel.
- Leyendo el programa, localizamos las memorias exactas donde viven los dos ajustes, con su dirección, su unidad y su rango: el agua se mide en litros contra un caudalímetro; el amasado, en segundos. Todo escrito, no en la cabeza de nadie.
- Cambiamos los dos valores e hicimos una amasada de prueba: la máquina respetó los tiempos nuevos.
- Montamos pila nueva (IC200ACC001) y dejamos los ajustes en memoria retentiva, y comprobamos que un valor cambiado sobrevive a quitar y dar tensión — para que un corte de luz no devuelva la máquina, sin que nadie lo note, al ajuste de antes.
- El cliente recuperó el mando: los dos ajustes se pueden volver a tocar. Queda dejar el pupitre nuevo para que el ajuste se haga otra vez desde pantalla.
Por qué a nosotros
Una máquina sin soporte no se adivina, se mide. Cuando el fabricante ya no está y no queda documentación, entramos en el autómata, encontramos dónde vive de verdad cada ajuste y devolvemos al cliente el control de su proceso — dejándolo escrito para que no se vuelva a perder.
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